Calvos que no recuerdan sus pecados,
vejetes, eruditos, respetables,
editan y anotan los versos
que jóvenes inquietos en sus camas
rimaron con la fiebre del amor
para halagar al ignorante oído de la belleza.
Todos arrastran los pies; todos tosen sobre la tinta,
y desgastan la alfombra con sus pasos;
todos piensan lo que otros piensan:
todos conocen a quien conoce su vecino.
Oh, Señor, ¿qué dirían
si su Catulo caminara así?
Más poemas relacionados: El vino entra en la boca... - William Butler Yeats A una ardilla en Kyle-na-no - WILLIAM BUTLER YEATS El gato y la luna - WILLIAM BUTLER YEATS Canción - WILLIAM BUTLER YEATS