A fuerza de esgrima y clava,
mi juventud yo pensaba
prolongar.
Para que joven yo fuera,
que con eso bastante era
di en pensar.
¡No sabía, ignorantón,
que envejece el corazón!
Tengo hoy palabra florida
y a la mujer entendida
la embeleso;
más cuando estoy a su lado
no me siento ya azogado
ni travieso.
¡No sabía, ignorantón,
que envejece el corazón!
Yo el deseo no he perdido
pero el corazón se ha ido
que tenía.
Pensé que sería hoguera
hasta en mi cama postrera
de agonía.
¡No sabía, ignorantón,
que envejece el corazón!
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