Sé de la más vespertina de todas las casas: un
ojo más profundo que el tuyo es allí el vigía.
En el frontón flamea la gran bandera de la pena:
su paño verde — tú no sabes que lo tejiste.
Y vuela tan alto como si tú no lo hubieras tejido.
La palabra a la que dijiste adiós te da la bienvenida en la puerta,
y lo que aquí te ha rozado, tallo, corazón y flor,
ha tiempo es allí huésped y nunca más te roza.
Pero si en aquella casa te pones ante el espejo
entonces te miran tres, te miran flor, corazón y tallo.
Y aquel ojo más profundo bebe tu profundo ojo.
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