Está mi risa de niño
con la abuelita ciega de la noche obscura.
Resuenan mis botas groseras de campesino
en la ternura de los caballos,
y he ido.
Al son de ríos lúcidos y puros
Tiemblan las curvas de los pozos como las dulces patas de los corderos.
Encerrada en mis pasos sigue la noche obscura.