Juntos, los funcionarios subimos
los escalones bermellón.
Nuestras oficinas están separadas
por el Salón Imperial.
Al alba, siguiendo el Bastón Imperial,
acudimos a la audiencia.
En el ocaso, salimos, con el incienso
concedido por el monarca.
A los que tenemos el cabello canoso,
la caída de una flor nos causa tristeza,
y el vuelo de aves en las nubes azuladas
suscita nuestra envidia.
Parece que cada vez hay menos consejos
que se elevan al trono.
Debe ser que no se haya equivocado en nada.
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