Toda desnuda me ofrezco a tu instinto,
muerde mis pechos, estruja mi cuerpo,
quiero brindarte esta fiesta de carne
para que olvides tus días acerbos.
Sé que padeces, tu vida es amarga
vida de todos los tristes obreros,
sin una luz de esperanza en su noche,
sin la caricia cordial de un consuelo.
¡Cómo conforta sentirse piadosa,
dulce es la simple bondad de mi gesto;
tú que así sufres, mereces la efímera
fiesta que quiere brindarte mi cuerpo!
Más poemas relacionados: Amor unitivo - FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ Al hijo de un amigo - MACEDONIO FERNÁNDEZ Canto - ALEJANDRA PIZARNIK La Muerte no es la Nada… - MACEDONIO FERNÁNDEZ