Por ahí… la voz de la familia:
¿Con qué vas a defenderte?
¿Qué oficio tienes?
¿Has trabajado algún día?
¿Por qué perdiste el tiempo?
Mira ahora tus canas,
tus arrugas,
tus callos.
Todo esto es el ruido, oh, Manuel, de tu vida,
de tu vida físicamente inútil.
(Hablo, ya sabes, de tus cosas menores.)
Sin embargo,
acorralado de cosas transitorias,
pero de terrible presencia,
tienes ahora
que ponerte a crecer como cualquiera.
Porque, Manuel,
treinta años de infancia
para poder hacer algunos versos,
esto es tener edad …
¡Qué responsable estás con tu secreto!
Ah, semilla mía,
¿quién te enterró tan inocente
en esta tierra ilustre de mi cuerpo,
tú, que cuando yo duermo, trabajas tan perfecta?
Ya ves, Manuel, qué grave es el juguete.
Esta es la noche… pero el niño existe.
¡Me toco entre las nieblas como quien toca el mundo!