Li Po

Un brindis – LI PO

Un brindis

¿No veis que las aguas del Río Amarillo
descienden del cielo
y hasta el mar corren raudas
para no retornar?
¿No veis en esas nobles mansiones
cómo se miran, tristes,
en los brillantes espejos
los cabellos blancos?
Por la mañana negra seda
ahora, en el ocaso, se han vuelto nieve.
Gocemos
gocemos de los placeres
en esta existencia nuestra
no dejemos vacías ante la luna
nuestras copas doradas.
Debemos usar el talento
que el Cielo nos ha otorgado
¿perdemos mil onzas de oro?
ya volverán.
Asad el cordero, sacrificad la ternera,
que reine la alegría,
hay que beber trescientos vasos, de un trago.
Maestro Cen,
señor Danqiu,
bebed, bebed, sin parar,
mientras os canto una canción,
escuchadme con la mayor atención, os ruego
campanas y tambores, manjares y galas
carecen de valor;
sólo deseo una larga embriaguez
y no tener que despertar.
Los santos y sabios de antaño
han caído en el olvido
sólo de los bebedores
hoy conocemos el nombre.
En tiempos el rey Chen daba fiestas
en su palacio de la Paz y la Alegría
con excelentes vinos se entregaba a los placeres sin freno.
Posadero, ¿por qué dices que falta dinero?
Ocúpate sólo de traer vino a sus mercedes.
Mi caballo pío
mi abrigo de mil onzas
le diré a mi hijo que los cambie por buen vino,
y juntos ahogaremos nuestras viejas penas.

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