Sé esquivo y avariento y a los aduares no hables:
sus ruinas, el saludo, no te han de devolver.
Maldice el cuervo de mal agüero de la separación.
Siéntate junto al narciso, deja atrás las espinas,
túmbate al lado del mirto, olvídate de las zarzas,
y por la mañana empieza a beber el vino.
¡Que ninguna prohibición te lo impida!
Quien combate los placeres que el vino acompaña
vive una extenuante vida de aflicción.
Más poemas relacionados: El veredicto del alfaquí - ABU NUWAS El credo de Abu Nuwas - ABU NUWAS El vino es manzana líquida... - ABU NUWAS ¿Me amas? - ABU NUWAS