Es un cerrar los ojos y jurar no abrirlos. En tanto afuera se alimenten de relojes y de flores nacidas de la astucia. Pero con los ojos cerrados y un sufrimiento en verdad demasiado grande pulsamos los espejos hasta que las palabras olvidadas suenan mágicamente.
Más poemas relacionados: Pero a mi noche... - ALEJANDRA PIZARNIK Mi bosque - ALEJANDRA PIZARNIK Anillos de ceniza - ALEJANDRA PIZARNIK Alejandra Pizarnik - Poemas cortos - Siempre