Yo te veo, Señor, con un hierro encendido,
quemándome la carne hasta los huesos…
Sigue, Señor,
que de ese hierro
han salido
mis alas y mi verso.
Más poemas relacionados: Versos del caminante - LEÓN FELIPE No quiero el verbo raro... - LEÓN FELIPE Ahora a mí me sucede... - LEÓN FELIPE Y... - LEÓN FELIPE