Estoy contento con tantos deberes
que me impuse, en mi vida
se amasaron extraños materiales:
tiernos fantasmas que me despeinaban,
categóricas manos minerales,
un viento sin razón que me agitaba,
la espina de unos besos lacerantes, la dura realidad
de mis hermanos,
mi deber imperioso de vigía,
mi inclinación a ser sólo yo mismo
en la debilidad de mis placeres,
por eso —agua en la piedra— fue mi vida
cantando entre la dicha y la dureza.
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