Jorge Ariel Madrazo dice
de la poesía que es "el enigma de un cuerpo fracturado". Nada más
bello y cierto. Pero muestra también las limitaciones dentro de la cual nos
debatimos, y los opuestos que no nos permiten pararnos cómodamente en un solo
lugar: Estamos, a la vez, amarrados a un poste y suspendidos en el aire; entramos
vestidos de gala a la multiplicidad de cavernas que conforman nuestra estructura
en tanto seres humanos, y salimos desnudos a la superficie para des-cubrir
que el piso y el techo del mundo se volatilizaron y sólo tenemos por delante
el árido espacio abierto de la intemperie.
La relación simbiótica poesía-poeta es otro enigma,
ya que para que la simbiosis sea, necesariamente tiene que fracturarnos pues
¿cómo de-velar lo enigmático del acto poético en sí, sabiendo que él es, pero
no sabiendo decir qué es? ¿cómo nombrar lo re-creado con palabras distintas
a las nacidas para los objetos palpables? ¿cómo decirle al mundo que Poesía
nos va conduciendo hacia la esencia de las cosas pero tenemos que apelar a
la metáfora o al símbolo porque las palabras directas son necesarias pero
no suficientes? ¿cómo transmitir la epifanía de la Verdad apoyándonos en los
tropos que son ambiguos y vagos por definición?
Así, fracturados, comenzamos a navegar por "universos paralelos"
en una re-fundación de nosotros mismos. "La poesía funda y nos funda"
afirmaba Roberto Juarroz, y una vez que hemos comenzado a transitar por ese
terreno mágico ya no queremos salir de él, aun cuando su permanencia nos cobre
el precio del aislamiento interior que lleva a la soledad existencial, una
soledad que puede abrumar en muchos momentos pero que nos ha permitido atisbar
la piedra filosofal. ¿Acaso importa si en el poema estamos apoyándonos en
una hoja recién nacida o en la olla donde se cocina la cena diaria? No, porque
no estamos interesados en lo particular si esa particularidad se agota en
sí misma. Es el destello que hace que la hoja sea, es el destello que hace
que la olla sea lo que nos va rodeando de una fascinación en cuya "carnadura"
hay más verdad que en la lógica aristotélica. Entre la tensión y la distensión,
entre la palabra y el silencio hay un puente trenzado con algas marinas que
advierte sobre su fragilidad a todo aquel que lo quiera atravesar.
Las distintas voces de los
poetas que conforman -a manera de un singular abanico- esta antología argentina,
han sabido internarse en la propia mismidad para luego, como rayos que van
hacia todas partes y ninguna, expandirse en los poemas.